Ana Belén y Víctor Manuel -¿Como Pudiste Hacerme Esto a Mi?








Letra 

Ella lo vió salir de allí
ahora sabía la verdad
y se decidió

Loca de celos le siguió
tras apuntar la dirección
resistiéndose a llorar

¿Cómo pudiste hacerme esto a mi?
yo que te hubiese querido hasta el fin
sé que te arrepentirás

La calle desierta, la noche ideal
un coche sin luces no pudo esquivar
un golpe certero
y todo terminó entre ellos de repente

Ella no quiso mi mirar
nunca daría marcha atrás
una y no más santo Tomás

¿Cómo pudiste hacerme esto a mi?
yo que te hubiese querido hasta el fin
sé que te arrepentirás

La calle desierta, la noche ideal
un coche sin luces no pudo esquivar
un golpe certero
y todo terminó entre ellos de repente...

No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos
No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos….No

¿Cómo pudiste hacerme esto a mi?
yo que te hubiese querido hasta el fin
sé que te arrepentirás

La calle desierta, la noche ideal
un coche sin luces no pudo esquivar
un golpe certero
y todo terminó entre ellos de repente

No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos
No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos

No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos
No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos
La calle desierta, la noche ideal
un coche sin luces no pudo esquivar
un golpe certero
y todo terminó entre ellos de repente

No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos
No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos

No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos
No.. me arrepiento
volvería a hacerlo
son los celos


¿Cómo Pudiste Hacerme esto a mi?
Autor: Nacho Canut, Carlos Berlanga
Interprete: Ana Belén
Álbum: Canciones regaladas

Canciones regaladas es el disco de estudio del 2015, conjunto de Ana Belén y Víctor Manuel. Para este disco, los artistas han seleccionado y grabado canciones que siempre les han gustado. Contiene temas de Billy Joel, Rubén Blades, Leonard Cohen y Chico Buarque, entre otros. Previamente sólo habían lanzado un álbum de estudio juntos.

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Paul McCartney - Vive y deja morir-Live and let die










Letra en español
Cuando eras joven y tu corazón era un libro abierto
Solías decir vive y deja vivir.

Sabes que lo decías, sabes que lo decías
Sabes que lo decías.

Pero en esto nunca el mundo cambio en el que vivimos
El hacer que te rindas y llores.

Dices vive y deja morir
Vive y deja morir
Vive y deja morir
Vive y deja morir.

¿Qué pasa contigo?
Cuando tenias y trabajo que hacer
Tenias que hacerlo bien
Tenias que dar el otro infierno semejante.

Solías decir vive y deja vivir.

Sabes que lo decías, sabes que lo decías
Sabes que lo decías.

Pero en esto nunca el mundo cambio en el que vivimos
El hacer que te rindas y llores.

Dices vive y deja morir
Vive y deja morir
Vive y deja morir
Vive y deja morir.




"Live and Let Die" es una canción de la banda inglesa Wings, escrita por Paul McCartney y Linda McCartney en 1973, incluida en la banda sonora de la octava película de James Bond 007, Live and Let Die. Ha sido versionada por diversos artistas.



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Que bella es una persona








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Utopías de Mario Benedetti







Cómo voy a creer / dijo el fulano
que el mundo se quedó sin utopías

cómo voy a creer
que la esperanza es un olvido
o que el placer una tristeza

cómo voy a creer / dijo el fulano
que el universo es una ruina
aunque lo sea
o que la muerte es el silencio
aunque lo sea

cómo voy a creer
que el horizonte es la frontera
que el mar es nadie
que la noche es nada

cómo voy a creer / dijo el fulano
que tu cuerpo / mengana
no es algo más de lo que palpo
o que tu amor
ese remoto amor que me destinas
no es el desnudo de tus ojos
la parsimonia de tus manos
cómo voy a creer / mengana austral
que sos tan sólo lo que miro
acaricio o penetro

cómo voy a creer / dijo el fulano
que la útopia ya no existe
si vos / mengana dulce
osada / eterna
si vos / sos mi utopía.


Mario Benedetti




Mario Benedetti (1920-2009,   Uruguay) fue un escritor y poeta uruguayo integrante de la Generación del '45. Es autor de libros como La Tregua y Gracias por el fuego, entre otros. Corazón coraza, Currículum, Defensa de la alegría, El Sur también existe, Hagamos un trato, Los formales y el frío, No te salves, Táctica y estrategia y Viceversa son algunos de sus poemas más famosos. Su lenguaje sencillo, tiene defensores y detractores.


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Canto de guerra de las cosas de Joaquín Pasos




Cuando lleguéis a viejos, respetaréis la piedra,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó alguna piedra.
Vuestros hijos amarán al viejo cobre,
al hierro fiel.
Recibiréis a los antiguos metales en el seno de vuestras familias,
trataréis al noble plomo con la decencia que corresponde a su carácter dulce;
os reconciliaréis con el zinc dándole un suave nombre:
con el bronce considerándolo como hermano del oro,
porque el oro no fue a la guerra por vosotros,
el oro se quedó, por vosotros, haciendo el papel de niño mimado,
vestido de tercipelo, arropado, protegido por el resentido acero…
Cuando lleguéis a viejos, respetaréis al oro,
si es que llegáis a viejos,
si es que entonces quedó algún oro.

El agua es la única eternidad de la sangre.
Su fuerza, hecha sangre. Su inquietud, hecha sangre.
Su violento anhelo de viento y cielo,
hecho sangre.
Mañana dirán que la sangre se hizo polvo,
mañana estará seca la sangre.
Ni sudor, ni lágrimas, ni orina
podrán llenar el hueco del corazón vacío.
Mañana envidiarán la bomba hidráulica de un inodoro palpitante,
la estancia viva de un grifo,
el grueso líquido.
El río se encargará de los riñones destrozados
y en medio del desierto los huesos en cruz pedirán en vano que regrese el agua a los cuerpos de los hombres.

Dadme un motor más fuerte que un corazón de hombre.
Dadme un cerebro de máquina que pueda ser agujereado sin dolor.
Dadme por fuera un cuerpo de metal y por dentro otro cuerpo de metal
igual al del soldado de plomo que no muere,
que no te pide, Señor, la gracia de no ser humillado por tus obras,
como el soldado de carne blanducha, nuestro débil orgullo,
que por tu día ofrecerá la luz de sus ojos,
que por tu metal admitirá una bala en su pecho,
que por tu agua devolverá su sangre.
Y que quiere ser como un cuchillo, al que no puede herir otro cuchillo.

Esta cal de mi sangre incorporada a mi vida
será la cal de mi tumba incorporada a mi muerte,
porque aquí está el futuro envuelto en papel de estaño,
aquí está el futuro envuelto en papel de estaño,
aquí está la ración humana en forma de pequeños ataúdes,
y la ametralladora sigue ardiendo de deseos
y a través de los siglos sigue fiel el amor del cuchillo a la carne.
Y luego, decid si no ha sido abundante la cosecha de balas,
si los campos no están sembrados de bayonetas,
si no han reventado a su tiempo las granadas…
Decid si hay algún pozo, un hueco, un escondrijo
que no sea un fecundo nido de bombaas robustas;
decid si este diluvio de fuego líquido
no es más hermoso y más terrible que el de Noé,
sin que haya un arca de acero que resista
!ni un avión que regrese con la rama de olivo!

Vosotros, dominadores del cristal, he ahí vuestros vidrios fundidos.
Vuestras casas de porcelana, vuestros trenes de mica,
vuestras lágrimas envuletas en celofán, vuestros corazones de baquelita,
vuestros risibles y hediondos pies de hule,
todo se funde y corre al llamado de guerra de las cosas,
como se funde y se escapa con rencor el acero que ha sostenido una estatua.
Dos marineros están un poco excitados. Algo les turba su viaje.
Se asoman a la borda y escudriñan el agua,
se asoman a la torre y escudriñan el aire.
Pero no hay nada.
No hay peces, ni olas, ni estrellas, ni pájaros.
Señor capitán, ¿adónde vamos?
Lo sabremos más tarde.
cuando hayamos llegado.
Los marineros quieren lanzar el ancla,
los marineros quieren saber qué pasa.
Pero no es nada. Están un poco excitados.
El agua del mar tiene un sabor más amargo,
el viento del mar es demasiado pesado.
Y no camina el barco. Se quedó quieto en medio del viaje.
Los marineros se preguntan ¿qué pasa? con las manos,
han perdido el habla.
No ha pasado nada. Están un poco excitados.
Nunca volverá a pasar nada. Nunca lanzarán el ancla.
No había que buscarla en las cartas del naipe ni en los juegos de la cábala.
En todas las cartas estaba, hasta en las de amor y en las de navegar.
Todos los signos llevaban su signo.
Izaba su bandera sin color, fantasma de bandera para ser pintada con colores de sangre de fantasma,
bandera que cuando flotaba el viento parecía que flotaba el viento.
Iba y venía, iba en el venir, venía en el yendo, como que si fuera viniendo.
Subía y luego bajaba hasta en medio de la multitud y besaba a cada hombre.
Acariciaba cada cosa con sus dedos suaves de sobadora de marfil.
Cuando pasaba un tranvía, ella pasaba en el tranvía;
cuando pasaba una locomotora, ella iba sentada en la trompa.
Pasaba ante el vidrio de todas las vitrinas,
sobre el río de todos los puentes,
por el cielo de todas las ventanas.
Era la misma vida que flota ciega en las calles como una niebla borracha.
Estaba de pie junto a todas las paredes como un ejército de mendigos,
era un diluvio en el aire.
Era tenaz, y también dulce, como el tiempo.

Con la opaca voz de un destrozado amor sin remedio,
con el hueco de un corazón fugitivo,
con la sombra del cuerpo,
con la sombra del alma, apenas sombra de vidrio,
con el espacio vacío de una mano sin dueño,
con los labios heridos
con los párpados sin sueño,
con el pedazo de pecho donde está sembrado el musgo del resentimiento
y el narciso,
con el hombro izquierdo,
con el hombro que carga las flores y el vino,
con las uñas que aún están adentro
y no han salido,
con el porvenir sin premio, con el pasado sin castigo,
con el aliento,
con el silbido
con el último bocado de tiempo, con el último sorbo de líquido,
con el último verso del último libro.
y con lo que será ajeno. Y con lo que fue mío.

Somos la orquídea del acero,
florecimos en la trinchera como el moho sobre el filo de la espada,
somos una vegetación de sangre,
somos flores de carne que chorrean sangre,
somos la muerte recien podada
que florecerá muertes y más muertes hasta hacer un inmenso jardín de muertes.
Como la enredadera púrpura de filosa raíz,
que corta el corazón y se siembra en la fangosa sangre
y sube y baja según su peligrosa marea.
Así hemos inundado el pecho de los vivos,
somos la selva que avanza.

Somos la tierra presente. Vegetal y podrida,
pantano corrompido que burbujea mariposas y arco iris.
Donde tu cáscara se levanta están nuestros huesos llorosos, nuestro dolor brillante en carne viva,
oh santa y hedionda tierra nuestra,
humus humanos.

Desde mi gris sube mi ávida mirada,
mi ojo viejo y tardo, ya encanecido,
desde el fondo de un vértigo lamoso
sin negro y sin color completamente ciego.
Asciendo como topo hacia un aire
que huele mi vista,
el ojo de mi olfato, y el murciélago
todo hecho de sonido.
Aquí la piedra es piedra, pero ni el tacto sordo
puede imaginar si vamos o venimos,
pero venimos, sí, desde mi fondo espeso,
pero vamos, ya lo sentimos, en los dedos podridos
y en esta cruel mudez que quiere cantar.

Como un súbito amanecer que la sangre dibuja
irrumpe el violento deseo de sufrir,
y luego el llanto fluyendo como la uña de la carne
y el rabioso corazón ladrando en la puerta.
Y en la puerta un cubo que se palpa
y un camino verde bajo los pies hasta el pozo,
hasta más hondo aún, hasta el agua,
y en el agua una palabra samaritana
hasta más hondo aún, hasta el beso.
Del mar opaco que me empuja
llevo en mi sangre el hueco de su ola,
el hueco de su huida,
un precipicio de sal aposentada.
Si algo traigo para decir, dispensadme,
en el bello camino lo he olvidado.
Por un descuido me comí la espuma,
perdonadme, que vengo enamorado.

Detrás de ti quedan ahora cosas desprecoupadas, dulces.
Pájaros muertos, árboles sin riego.
Una hiedra marchita. Un olor de recuerdo:
No hay nada exacto, no hay nada malo ni bueno,
y parece que la vida se ha marchado hacia el país del trueno.
Tú, que viste en un jarrón de flores el golpe de esta fuerza,
tú, la invitada al viento en fiesta,
tú, la dueña de una cotorra y un coche de ágiles ruedas,
tú, que miraste a un caballo del tiovivo saltar sobre la verja
y quedar sobre la grama como esperando que lo montasen los niños de la escuela,
asiste ahora, con ojos pálidos, a esta naturaleza muerta.

Los frutos no maduran en este aire dormido
sino lentamente, de tal suerte que parecen marchitos,
y hasta los insectos se equivocan en esta primavera sonámbula sin sentido.
La naturaleza tiene ausente a su marido.
No tienen ni fuerzas suficientes para morir las semillas del cultivo
y su muerte se oye como el hilito de sangre que sale de boca del hombre herido.
Rosas solteronas, flores que parecen usadas en la fiesta del olvido,
débil olor de tumbas, de hierbas que mueren sobre mármoles inscritos.
Ni un solo grito. Ni siquiera la voz de un pájaro o de un niño
O el ruido de un bravo asesino con su cuchillo.

!Qué dieras hoy por tener manchado de sangre el vestido!
!Qué dieras por encontrar habitado algún nido!
!Qué dieras porque sembraran en tu carne un hijo!

Por fin, Señor de los Ejércitos, he aquí el dolor supremo.
he aquí, sin lástimas, sin subterfugios, sin versos,
el dolor verdadero.
Por fin, Señor, he aquí frente a nosotros el dolor parado en seco.
No es un dolor por los heridos ni por los muertos,
ni por la sangre derramada ni por la tierra llena de lamentos
ni por las ciudades vacías de casas ni por los campos llenos de huérfanos.
Es el dolor entero.
No puede haber lágrimas ni duelo
ni palabras ni recuerdos,
pues nada cabe ya dentro del pecho.
Todos los ruidos del mundo forman un gran silencio.
Todos los hombres del mundo forman un solo espectro.
En medio de este dolor, !soldado!, queda tu puesto
vacío o lleno.
Las vidas de los que quedan están con huecos,
tienen vacíos completos,
como si se hubieran sacado bocados de carne de sus cuerpos.
Asómate a este boquete, a este que tengo en el pecho,
para ver cielos e infiernos.
Mira mi cabeza hendida por millares de agujeros:
a través brilla un sol blanco, a través un astro negro.
Toca mi mano, esta mano que ayer sostuvo un acero:
!puedes pasar en el aire, a través de ella, tus dedos!
he aquí la ausencia del hombre, fuga de carne, de miedo,
días, cosas, almas, fuego.
Todo se quedó en el tiempo. Todo se quemó allá lejos.



Joaquín Pasos Argüello (1914-1947) fue un poeta, dramaturgo y ensayista nicaragüense. Integró en Movimiento de la Vanguardia de Nicaragua y su poema más representativo ha sido Canto de la guerra de las cosas.


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El banquero anarquista de Fernando Pessoa





Titulo: El Banquero anarquista
Publicado 1922
Páginas:128


¿Es posible ser a la vez un rico y sagaz banquero y un anarquista consumado que lucha por la liberación de la sociedad?






Según Pessoa si, en "El banquero anarquista" nos relata a través de una charla de sobremesa después de una cena un dialogo que se convierte filosófico, aunque realmente es más bien un monólogo. De un lado un hombre de quien nada se dice. Del otro un acaudalado banquero, comerciante se auto-proclama como un auténtico anarquista.

Pessoa despliega una feroz ataque contra el mito del igualitarismo, irreal de nuestra sociedad, y contra las posibilidades de emancipación del ciudadano, que no contra las del individuo. Todo esto lo logra mediante la discusión ideológica bajo forma de narración, entre un sujeto que se dice banquero y anarquista, todo en uno y lo uno por lo otro, y un joven que le escucha incrédulo. Muestra las contradicciones humanas la doble lectura, con un juego dialéctico; la contradicción del personaje (banquero y anarquista) central se combinan con la sutileza increíble, logrando que el lector sea ese joven incrédulo sentado frente a este otro que escucha  analice, se cuestione y contradiga. Mostrándonos la guerra ideológica, a la que constantemente se ve sometido el individuo.


Pessoa presenta a su personaje como un luchador contra las desigualdades no naturales, las producidas por las ficciones sociales, entre las que destaca el dinero. Donde la mejor manera de escapar de su influencia es acumular grandes cantidades de dinero, y nada mejor para esto que la banca y al comercio.

Leyendo las palabras de Pessoa no puedo más que admitir que hay un gran numero de esclavos de ese Estado, nacidos para ser sometidos por él,  al que la libertad le resulta una carga insoportable. Ante ese miedo se entiende mas la irritación a quienes cuestionamos sus dogmas.

En definitiva todas las formas sociales, sin excepción, se terminan transformando en dictaduras


Fernando Pessoa, Fernando António Nogueira Pessoa (1888-1935 Portugal), fue poeta y escritor. Publicó bajo varios heterónimos, incluso publicó críticas contra sus propias obras, firmadas por estos, con este recurso literario llego a crear 70 heterónimos, algunos de ellos mujeres.
Pessoa fue un apasionado comentarista de la vida política portuguesa y europea, siempre dispuesto a desbaratar las ilusiones del ciudadano.





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